No puedo más.
Quiero ir allá a donde estés y secar tus lágrimas con mis manos.
Quiero abrazarte y decirte a la cara que ahora todo irá bien.
Un simple abrazo.
Un simple gesto.
Y tan difícil de conseguirlo.
Pero espera. El tiempo pasa y el momento llega.
Algún día te daré cada abrazo por cada vez que supe que lloraste.
Y te haré sonreír aún si yo pierdo mi risa.
Valdrá la pena.
Es horrible ver desde lejos como la oscuridad te engulle a ti también.
lunes, 31 de octubre de 2011
sábado, 29 de octubre de 2011
Debo seguir escribiendo... Escribir y escribir. Escribir y escribir.
Hasta que mis dedos sangren.
Pero debo hacerlo y hacerlo hasta conseguirlo.
Aún sigo secretamente escribiendo en un lugar para nadie conocido.
Y aún lo hago mal...
Tengo la música. Tengo la idea. Pero no consigo redactar bien.
La asignatura de Lengua... nunca se me dio bien.
Escribiendo y escribiendo...
Hasta que mis dedos sangren.
Pero debo hacerlo y hacerlo hasta conseguirlo.
Aún sigo secretamente escribiendo en un lugar para nadie conocido.
Y aún lo hago mal...
Tengo la música. Tengo la idea. Pero no consigo redactar bien.
La asignatura de Lengua... nunca se me dio bien.
Escribiendo y escribiendo...
viernes, 28 de octubre de 2011
Gracias a esa persona desconocida.
Me alaga que alguien me lea.
Estos textos sacados de un subconsciente enfermo... necesitaban ser egoístamente leídos.
Si no, hubieran muerto.
Gracias Sr. Desconocido.
Con cariño, de la Autora.
Me alaga que alguien me lea.
Estos textos sacados de un subconsciente enfermo... necesitaban ser egoístamente leídos.
Si no, hubieran muerto.
Gracias Sr. Desconocido.
Con cariño, de la Autora.
Y vuelven las oscuras sombras de nosedonde a manifestarse a través de la ventana.
Bañan todo llenándolo de nada.
Bañan todo llenándolo de nada.
Es oscuro.
Ellos están bañados en oscuro.
Ellos están bañados en oscuro.
Yo miro.
Es horrible.
Es como ver algo que se quema y se quema... y no llevas agua para apagarlo. Es horrible.
Es horrible.
Es como ver algo que se quema y se quema... y no llevas agua para apagarlo. Es horrible.
¿Cómo diablos quito tanta oscuridad?
¿Acaso podría atraerla a mi ventana para que se quedara conmigo y no volviera afuera nunca más?
¿Acaso podría atraerla a mi ventana para que se quedara conmigo y no volviera afuera nunca más?
martes, 25 de octubre de 2011
La chica pelirroja.
Chica pelirroja. ¿Quién eres?
Tus ojos oscuros y sonrisa brillante fue durante segundos sólo para mi.
Traviesa y coqueta fuiste mía al subirte a mis pies y moverte con sensualidad.
¿Quién eres?
¿Eres real?
¿Quién eres?
Tu cara era clara y perfecta, más no te reconocí.
Te busqué por todos lados cuando después de aquel movimiento increíble huiste.
Sólo te vi salir mientras me regalabas una sonrisa.
Pero no te alcancé.
¿Quién eres...chica pelirroja de coletas juguetonas?
Tus ojos oscuros y sonrisa brillante fue durante segundos sólo para mi.
Traviesa y coqueta fuiste mía al subirte a mis pies y moverte con sensualidad.
¿Quién eres?
¿Eres real?
¿Quién eres?
Tu cara era clara y perfecta, más no te reconocí.
Te busqué por todos lados cuando después de aquel movimiento increíble huiste.
Sólo te vi salir mientras me regalabas una sonrisa.
Pero no te alcancé.
¿Quién eres...chica pelirroja de coletas juguetonas?
Anoche soñé contigo.
Estabas nervioso y no parabas de caminar de un lado a otro. Tu cabello alisado te tapaba el rostro y mirabas cabizbajo. Nadie te hacía caso y yo no quería ser como ellos.
Te acompañé a un cuarto y ahí conseguí que te acostaras para calmarte. No hablabas, solo te ponías nervioso.
Tus labios apuntaban al techo oscuro por culpa de las cortinas. Una mano tapaba tus ojos ya tapados, pero duró poco tiempo, ya que cayó con el peso de la gravedad.
Mis labios cayeron también... sobre los tuyos.
Mi Jackie.
Estabas nervioso y no parabas de caminar de un lado a otro. Tu cabello alisado te tapaba el rostro y mirabas cabizbajo. Nadie te hacía caso y yo no quería ser como ellos.
Te acompañé a un cuarto y ahí conseguí que te acostaras para calmarte. No hablabas, solo te ponías nervioso.
Tus labios apuntaban al techo oscuro por culpa de las cortinas. Una mano tapaba tus ojos ya tapados, pero duró poco tiempo, ya que cayó con el peso de la gravedad.
Mis labios cayeron también... sobre los tuyos.
Mi Jackie.
domingo, 23 de octubre de 2011
Quinto Acto.
Lentamente se acercó a ella, moviendo su kimono a cada paso. La elegancia con la que lo hacía era increíble.
Su sonrisa era visible, aún más que otros días. Era una sonrisa de victoria, de sed, de lujuria y ganas de ir a por todas.
La chica de azul la miró asustada. Un borde próximo que era hondo hondo, hondo hondo, tan hondo, que una boca de lobo parecía. Reika miraba por el rabillo del ojo que sus pies no cayeran accidentalmente ahí.
Ahora miraba hacía aquella puerta blanca y aquella mujer de kimono ensangrentado que la miraba con una diabólica sonrisa. Estaba asustada, sus ojos abiertos al máximo y mostrando su color negro no paraban de temblar. Quería hablar pero en ese momento no salió mas que un extraño sonido de sus labios.
Sae dio un paso adelante. Sonrió aún más, ahora mostrando sus dientes.
-Te lo dije.- Nada más que eso pronunció antes de levantar un brazo y señalar a la asustada Reika.
Después de señalarla con su mano blanca durante unos segundos parecidos a horas, su mano cambio de sentido y señaló hacia abajo.
-Te lo dije.-
-¿Porqué?-
-El pueblo no te soporta... amiga.- Sonrió y se acercó a ella tan rápido que pareció desaparecer. Su cara se acercó a la asustada para hablarle de cerca, mostrando los dientes. Su cabello por la rapidez se había movido dejando ver unos ojos abiertos pero con un sentimiento distinto a el terror. ¿Cuál? Yo no lo sé.
Reika caminó hacia atrás lentamente, olvidando lo que atrás suya había.
Reika cayó.
Sus manos se levantaron hacia aquella a la consideraba hermana. Un grito salio de sus labios azules.
Sae extendió lentamente se mano, pero solo levemente. Miraba a Reika siendo engullida por la plena oscuridad.
No dijo nada.
Se dio media vuelta y caminó hacia la salida.
4 Niñas aparecieron a su lado misteriosamente. Sólo con un intercambio de "asentidos", las niñas volaron hacia la dirección en la que había caído ella.
Las puertas blancas se abrieron gracias a las doncellas ciegas de sus extremos.
Sae pasó dejando caer una lágrima.
"Lo siento. Pero no te vamos a dejar salir en mucho tiempo. Descansa. Recupérate. Y luego hablamos...
En el fondo te quiero... estúpida."
Su sonrisa era visible, aún más que otros días. Era una sonrisa de victoria, de sed, de lujuria y ganas de ir a por todas.
La chica de azul la miró asustada. Un borde próximo que era hondo hondo, hondo hondo, tan hondo, que una boca de lobo parecía. Reika miraba por el rabillo del ojo que sus pies no cayeran accidentalmente ahí.
Ahora miraba hacía aquella puerta blanca y aquella mujer de kimono ensangrentado que la miraba con una diabólica sonrisa. Estaba asustada, sus ojos abiertos al máximo y mostrando su color negro no paraban de temblar. Quería hablar pero en ese momento no salió mas que un extraño sonido de sus labios.
Sae dio un paso adelante. Sonrió aún más, ahora mostrando sus dientes.
-Te lo dije.- Nada más que eso pronunció antes de levantar un brazo y señalar a la asustada Reika.
Después de señalarla con su mano blanca durante unos segundos parecidos a horas, su mano cambio de sentido y señaló hacia abajo.
-Te lo dije.-
-¿Porqué?-
-El pueblo no te soporta... amiga.- Sonrió y se acercó a ella tan rápido que pareció desaparecer. Su cara se acercó a la asustada para hablarle de cerca, mostrando los dientes. Su cabello por la rapidez se había movido dejando ver unos ojos abiertos pero con un sentimiento distinto a el terror. ¿Cuál? Yo no lo sé.
Reika caminó hacia atrás lentamente, olvidando lo que atrás suya había.
Reika cayó.
Sus manos se levantaron hacia aquella a la consideraba hermana. Un grito salio de sus labios azules.
Sae extendió lentamente se mano, pero solo levemente. Miraba a Reika siendo engullida por la plena oscuridad.
No dijo nada.
Se dio media vuelta y caminó hacia la salida.
4 Niñas aparecieron a su lado misteriosamente. Sólo con un intercambio de "asentidos", las niñas volaron hacia la dirección en la que había caído ella.
Las puertas blancas se abrieron gracias a las doncellas ciegas de sus extremos.
Sae pasó dejando caer una lágrima.
"Lo siento. Pero no te vamos a dejar salir en mucho tiempo. Descansa. Recupérate. Y luego hablamos...
En el fondo te quiero... estúpida."
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